sábado, 6 de marzo de 2010

Los Comechingones

Los Comechingones habitaban el cordón montañoso compartido por las provincias de Córdoba y San Luis. Formaban pequeños pueblos independientes, regidos por caciques. Se destacan como centros más poblados las áreas de Quilino y Ongamira en el Departamento Ischilín, el valle de Punilla, el valle de Calamuchita, el valle de Río Cuarto y el valle de Río Primero, donde se fundó la ciudad de Córdoba en 1573.

Los antiguos habitantes de estas tierras hablaban en su mayoría la lengua sanavirona, aunque también coexistían otros dialectos particulares como el henia y camiare.
Vestían camisetas largas, y algunos rasgos poco habituales en la población indígena, y que llamó poderosamente la atención de los españoles, fueron la barba completa que ostentaban y la figura alta y espigada de sus integrantes. serrana de los comechingones
Los Comechingones eran belicosos. Según los relatos de los conquistadores, utilizaban la palabra "comechingón" como grito de guerra que incitaba a matar.Eran muy eficaces en el manejo del arco y la flecha, también utilizaban bastones de madera dura y, ocasionalmente, se valían del fuego para incendiar el refugio de sus enemigos. Para la guerra utilizaban collares de cuero y se pintaban una mitad del rostro de rojo y la otra de negro.
Para subsistir se valían de la agricultura, la recolección de frutos, la ganadería y la caza.

Vivían en chozas semisubterráneas, construidas sobre pozos al ras del suelo, con pequeñas entradas. Esta forma de vivienda permitía mantener el calor en su interior y servía como protección del viento y la lluvia. Eran de grandes dimensiones, de modo que en cada una de ellas convivían varias familias. Algunas de estas chozas pueden encontrarse en la actualidad.
Se instalaban en "poblaciones" constituidas por una cantidad de viviendas que podía variar entre dos y cuarenta. Estos asentamientos tenían diferentes nombres y sus integrantes estaban unidos por un lazo de parentesco; eran comandados por un cacique, cuyo rango era de carácter hereditario. Estos pueblos se instalaban en las áreas de los campos de cultivo, ocupando todos los valles serranos. De modo que los Comechingones ocuparon grandes extensiones de tierra aún cuando su densidad demográfica no fuera alta
El de los Comechingones es uno de los pueblos aborígenes de mayor riqueza pictográfica de la Argentina. Dejaron grabadosydibujos en el interior de infinidad de grutas y cavernas. Se cuentan más de 1000 obras de arte rupestre de los Comechingones. Se pueden encontrar algunas de ellas diseminadas en los más escondidos lugares de las sierras de Viarava y Charava, en Inti-Huasi o Casa del Sol y en la denominadas Casa de Piedra en el departamento de Tulumba; en los cerros Veladero y Bola y en La Máscara, en el norteño departamento de Sobremonte; en el cerro de La Quebrada y en el famoso cerro Colorado, ambos ubicados en el departamento de Río Seco; en el cerro San José, departamento de San Alberto, Guasampa; en las Playas, Ampisa, Piedra Pintada y Quebrada de Casas Viejas, jurisdicción del departamento de Minas. Cerca de la ciudad de Dolores, en el departamento de San Javier se conservan las famosas Piedras Pintadas. En Agua de la Pilona, en las proximidades de la ciudad de Cruz del Eje y a orillas del arroyo de Luapampa, en las cercanías de Pichanas, hay piedras pintadas y arte rupestre. También hay pictografías de alto valor en la localidad de Achiras, en el departamento de Río Cuarto.
A las primeras etapas de la cultura se habrían agregado elementos andinos, que aportaron el cultivo de la tierra, el sedentarismo, la cría de llamas, el hilado y el tejido, el vestido de lana, la cerámica negruzca y grabada y el uso de objetos de metal, aunque no aun metalurgia propia.
En la cultura y el hábitat de los comechingones se advierten también elementos de origen amazónico, probablemente transmitidos por los vecinos del norte y del noroeste, los sanavirones. Tendría esa ascendencia sobre todo el modelado de la cerámica dentro de cestos, en el sector septentrional o henia, de asa ancha y maciza, que Serrano llamó aletón. Quizás se podrían añadir algunos fragmentos de cerámica fina y pintada; y las hachas de piedra pulimentada, del Neolítico
Los comechingones de la época histórica fueron la resultante de esas distintas influencias, las incaicas no llegaron hasta ellos y las amazónicos son muy débiles; y eso distingue a estos pueblos de los otros del noroeste. Aparido puede hablar de una "verdadera ínsula etnográfica dentro de la cual se han conservado los elementos de una cultura primordial que, en cierta época, habría sido común a buena parte del noroeste argentino.
Del nivel cultural de los indígenas de las sierras de Córdoba ofrecen excelentes testimonios las pinturas rupestres, abundantes en tres grandes zonas, la sierra de Comechingones, hacia el sudoeste, colindando con la provincia de San Luis; las sierras de Guasapampa y de Cuniputo, esta última una ramificación de la Sierra Chica, hacia el noroeste, cerca de la provincia de La Rioja, y hacia el norte, las Sierras del Norte, con ramificaciones hacia Santiago del Estero. Fueron estudiadas por Gardner y Vignatti, pero especialmente por Asbjorn Pedersen, que se valió de los rayos infrarrojos y reprodujo aproximadamente 30.000 dibujos en 200 cuevas o abrigos. Pedersen llegó a las siguientes conclusiones:
1) El indigena de las sierras de Córdoba, Sierras del Norte, zona de Cerro Colorado, se regia por normas convencionales generalizadas de la zona para realizar las pinturas rupestres, ejecutadas conforme con una ideología de carácter mágico~religioso y no con fines decorativos como se supone comúnmente;
2) Dichas normas se relacionaban directamente con su modus vivendi más común de los elementos a reproducir: por ejemplo, del trato con el ser humano, con exaltación de detalles individuales, frontales y dorsales de sus vestimentas; los mamíferos generalmente observados de perfil o de tres cuartos de perfil; los artrópodos y reptiles observados en el suelo; las aves observadas en vuelo (las rapaces) y las de tierra, de perfil.
LENGUA
Había dos grupos lingüísticos: el del norte, que hablaba la lengua benia, y el del Sur, o camiares. No solo había diferencia lingüística, sino también cultural; según Antonio Serrano, los camiares no conocían la cerámica moldeada dentro de Cestos, común en el norte o zona los henia. Los gentilicios conservados no son más que apellidos o parcialidades: auletas, sauletas, michilingues, pascos, chimes, nogolmas, nondolmas, pansolmas,etc.
Algunos vestigios toponímicos de esas parcialidades quedaron como Camicosquin, Olahen, Tohaen, en el valle de la Punilla. La sierra de los Gigantes habría sido el límite los henia y los camiares.
El material lingüístico que tenemos de estos indígenas se reduce a unas pocas palabras seguras, unas cuantas dudosas, y algunas otras puestas equivocadamente en ellas.
Igualmente extinguido, este idioma no ha dejado restos que den esperanzas de una solución al problema de clasificarlo. Henia y camiare se citan como sus dialectos del norte y del sur, respectivamente. Es posible se relacionara con el sanavirón, o según otros a de ser agrupados junto al diaguita. Pueden haber sido dialectos afines el michilingue (Valle del Conlara) e indamá o indamu. Como variedades del comechingón se citan main, yuya, mundema, cama, umba.
Parece como si indamá fuese designación de los propios Comechingones, en alguna de las lenguas del derrotero de los españoles.
La voz carachi-orco, que se da como de la lengua henia con el significado de « teta de piedra» (orco es cerro en quichua) tiene su equivalente en Carachi pampa, una llanura en Antofagasta.
En aimará kara es «cerro pelado» y chichi «pezón de mujer», también granizo, en quichua.
En resumen, las palabras comechingonas que parecen seguras, son las siguientes:
Henen, henin, hen, pitin: pueblo, en henia.
Naguan, acan nave: cacique, en henia
Nave, navira: cacique, en camiare
Lemin: pescado, en henia.
Luimin: pescado, en camiare.
Butos: casa, en henia.
Tica: mojón, en henia
San: río, en henia (agua o río)
Chi: pezón, en henia
Eara: Peñasco, en henia

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